Fretmait

Función — por qué los acordes tiran

Si tocas G–C–D–G y luego lo mismo otra vez, pero te detienes en el D, algo queda audiblemente abierto. Falta el último paso, y el oído lo completa por sí solo.

Dentro de una tonalidad cada acorde tiene un papel, y tres cargan con casi todo. Una imagen espacial los hace palpables: la tónica (I) es el hogar, el punto de reposo donde una canción puede terminar. La subdominante (IV) es un paso hacia afuera — lejos del punto de reposo, sin urgencia. La dominante (V) está en el umbral y tira de vuelta con la tensión más fuerte. El D que quedó abierto era esa dominante.

La razón del tirón es un solo sonido, la sensible. Está un semitono por debajo de la tónica y forma parte del acorde de dominante; ese semitono aspira a subir hacia el punto de reposo. Es el mismo semitono que en la capa de la Melodía y el mismo principio de intervalo — toda la atracción armónica depende de un paso de semitono.

De ahí surge el pequeño catálogo de las cadencias, es decir, las maneras de llegar: la cadencia auténtica V–I como resolución esperada, la plagal IV–I como variante más suave (el amén de la música sacra), y la cadencia rota V–vi, en la que en lugar del punto de reposo sigue un pariente menor. La cadencia rota demuestra que el tirón es real: solo puede sorprender lo que rompe una expectativa.