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Por qué lo distribuido gana al maratón

Ya en 1885 Hermann Ebbinghaus lo demostró: lo que se aprende repartido en varias sesiones se retiene mejor que la misma cantidad en una sola sesión larga, incluso con el mismo tiempo total. Diez minutos diarios durante una semana ganan a setenta minutos en un solo día.

El motivo está en las pausas: entre sesiones el cerebro consolida, refuerza las vainas de mielina de las vías nerviosas implicadas e integra la nueva habilidad. Estos procesos necesitan tiempo y no ocurren durante la práctica, sino después. La continuidad es, por tanto, más decisiva que la duración de una sola sesión.