Progresiones — las secuencias recurrentes
Si haces un loop de I–V–vi–IV, en G o sea G–D–Em–C, suena a música terminada antes de que se sume una melodía. Esa sola secuencia sostiene una parte considerable de la música pop.
Una progresión es una secuencia fija de los papeles funcionales. Se escribe en números romanos, porque los números se refieren a los papeles y no a los acordes concretos. La misma secuencia es en G G–D–Em–C y en C C–G–Am–F: otros acordes, el mismo efecto. Una vez entendida una secuencia, está disponible en cualquier tonalidad.
¿Por qué tan pocas secuencias sostienen tanta música? Porque equilibran tensión y resolución, y porque el vi aporta un tinte menor. Lo decisivo es el final: I–V–vi–IV cierra en el IV, que todavía aspira a volver al punto de reposo. La secuencia nunca resuelve del todo y por eso se puede repetir sin fin — esa es la razón técnica por la que la música pop está construida en bucles. Un bucle que gira necesita, eso sí, un patrón que lo sostenga: un pulso, un cuándo. Con eso empieza la capa siguiente.